Archivo de la categoría "Nativos Digitales"

¡No se toca!

Monday, 16 de June de 2008

Cuando he tratado como padre de “enseñar” a alguno de mis hijos a manejarse con los juegos digitales que les regalaba –una consola, una minicadena o juegos para el PC– me he dado cuenta muy pronto de que sólo conseguía retrasar su aprendizaje. Igualmente, cuando un nuevo dispositivo digital entraba en casa, fuese una televisión o un ordenador, mi hijo Carlos, el menor, ya lo había instalado mientras yo no había acabado aún de leerme las primeras hojas del manual de instalación que, como siempre, eran las “Normas de Seguridad”, una extensa lista de todo lo que podía ir mal y de cosas que no podían hacerse…

Los Nativos Digitales -a diferencia de sus padres, los “inmigrantes digitales”- aprenden esencialmente interactuando, probando y corrigiendo; confían en su intuición y sentimientos, están abiertos a nuevas experiencias y utilizan su creatividad como parte del aprendizaje. Nosotros, en cambio, confiamos en nuestra experiencia, en nuestra capacidad de razonar; confiamos en el manual, analizamos todo y, antes de dar un paso, nos aseguramos bien de que es el correcto. ¡No sea que se rompa! Es decir, que en nuestro proceso de aprendizaje utilizamos más el hemisferio izquierdo, el que procesa la información analítica y secuencialmente, paso a paso, de forma lógica y lineal, mientras que ellos aprenden utilizando más la parte derecha del cerebro, la que corresponde a la creatividad y a las emociones, siguiendo un proceso intuitivo en vez de lógico, buscando imágenes, símbolos y sentimientos.

No es de extrañar que esto sea así. Recuerdo aún cuando trajeron la primera televisión de color a casa. Mi padre la instaló con mucho cuidado. A mí se me ocurrió subir el volumen un poco más de la cuenta y me quedé con el mando en la mano. Como no podía ser de otra manera, me cayó un “cogotazo“, que es la versión canaria de la colleja, y mi padre añadió la frase de siempre: “¡No se toca!”. Igualmente, si intentabas abrir un cajón de la cómoda de la abuela con mucho brío y te quedabas con el tirador en la mano, esta vez era tu madre la que te daba el cogotazo y te decía el ¡No se toca! de rigor.

Este síndrome del “inmigrante digital” lo podemos encontrar en la práctica totalidad de los padres, profesores, directivos, políticos y líderes de empresa. Buscamos nuestro rumbo en las agitadas aguas de la Era de la Colaboración, un escenario que a veces nos resulta desconocido y hostil. La realidad es que todo sería más fácil si tuviésemos la humildad de reconocer que la mayor parte de lo que hemos aprendido en el pasado nos ha sido muy útil para llegar hasta aquí, pero no es una garantía de futuro. Es decir, que nos ha servido para hacer una carrera razonable, dar una buena educación a nuestros hijos, tener una casa cómoda, un par de coches en el garaje, una televisión de plasma en el salón y un móvil en el bolsillo. Pero que muy poco de este conocimiento nos va a servir para entender a nuestros hijos, educar a nuestros futuros alumnos o dirigir a nuestros colaboradores digitales.

Ésta, como veréis, es una premisa fundamental en mis reflexiones: tenemos que reinventarnos como padres, como profesores, como políticos y como directivos. Muy poco de lo que hemos creado nos va a servir en un nuevo mundo digital, transparente, necesariamente global y cambiante. El reto está en crear nuevas organizaciones capaces de operar con transparencia, de atraer y retener el nuevo talento, de merecer la creatividad y pasión de nuestros jóvenes, y en donde la innovación y el liderazgo sea la contribución de todos. Organizaciones estructuradas en función del valor añadido de sus miembros, y no en jerarquías de poder irrelevantes. Organizaciones más humanas, centradas en las personas, y en las que sea posible dar lo mejor de nosotros y ser profesionales de éxito sin sacrificar nuestra vida personal y familiar.

Fronteras líquidas

Wednesday, 28 de May de 2008

Las fronteras se diluyen. Nuevas comunidades de usuarios -tan grandes como países- emergen aparentemente de la nada y entornos antes bien definidos y diferenciados, como el trabajo y la vida privada, comienzan a diluirse. Se acabaron los compartimentos estancos. Los jóvenes de la nueva generación son capaces de escribir en un blog y responder a un correo del trabajo mientras ven un programa en la tele. Son nativos digitales. No importa el espacio físico en el que se encuentren. Pueden comunicarse al mismo tiempo con sus socios, sus jefes, sus amigos y sus colaboradores. Cuando un chaval se conecta todos los días desde España para chatear con otro chico que vive en Estados Unidos, está pulverizando las barreras físicas y culturales que conocemos. Por eso estamos conversando sobre fronteras líquidas.

Una de las características que mejor definen al nuevo escenario es la estructura de flujo. Este fenómeno revolucionario está cambiando nuestra forma de trabajar, y nuestra forma de entender el mundo y de relacionarnos con los demás. Y es que la humanidad nunca había tenido una estructura de flujo caracterizada por su alcance global y su falta de espacialidad. El ejemplo más claro lo constituyen Flickr, Myspace, Facebook, CNN, Wikipedia y otras grandes comunidades de la Red que suman ya más de 100 millones de usuarios.

En pocos años, estas comunidades han pasado de la nada -antes ni siquiera existían- a situarse entre los 15 países más poblados del mundo. FaceBook, por ejemplo, es uno de estos nuevos “países”: cuenta con una una población (usuarios activos) de 67 millones de habitantes, recibe a más de 101 millones de visitantes y crece a un ritmo de 250.000 habitantes (nuevos registros) por día. Es un país muy diverso en el que usuarios de prácticamente todas las naciones existentes comparten 14 millones de fotos a diario, y participan en más de 6 millones de grupos de interés.

Tal y como nos anticipaba Manuel Castells en su libro “La Era de la Información”, se está produciendo una auténtica revolución social centrada en la información; una revolución que está transformando nuestro modo de pensar, de producir, de consumir, de comerciar, de gestionar, de comunicar, de vivir, de morir, de hacer la guerra y de hacer el amor.

“Espacio y Tiempo, los cimientos de la experiencia humana, se han transformado, ya que el espacio de los flujos domina al espacio de los lugares y el tiempo atemporal sustituye al tiempo de reloj de la era industrial”

Se trata, en definitiva, de nuevas comunidades de flujo en las que debemos encontrar nuestro lugar como personas y como organizaciones. Si en el pasado construíamos nuestra identidad social sobre un sentimiento de pertenencia a un lugar, a una religión, o a una determinada cultura, ahora debemos aprender a construir esa identidad dentro de este flujo global de información y conocimiento; debemos animarnos a visitar estas nuevas comunidades virtuales como turistas de antaño, y lo tenemos que hacer de la misma forma que nuestros digitales nativos: interactuando, jugando y disfrutando.

Mamá, no me molestes. Estoy aprendiendo

Saturday, 24 de May de 2008

“Mamá, no me molestes. Estoy aprendiendo” (Dont’t bother mi mom – I’m learning). Este es el llamativo título del último libro de Marc Prensky, reconocido experto en educación y aprendizaje. En él se habla por primera vez de los nativos digitales, la generación nacida a partir de los años 80, que ha crecido con Internet y con los dispositivos digitales siempre a su lado. A diferencia de sus padres, los nativos digitales son capaces de aprender jugando, disfrutan con las nuevas herramientas y pueden procesar grandes cantidades de información a alta velocidad.

Con el nacimiento de esta nueva generación, sus padres y abuelos han quedado convertido en auténticos inmigrantes digitales que tratan de adaptarse como pueden a las condiciones de la nueva Era de la Colaboración. Tal y como señala Prensky, la diferencia cognitiva entre “inmigrantes” y “nativos” es tan grande que un padre o una madre que intentase enseñar a su hijo a manejar un dispositivo digital, no conseguiría más que retrasar su aprendizaje varios meses. De ahí el título de su libro.

Los nativos digitales aportan un nuevo talento y una nueva forma de ser, y tienen claro que, en la medida que comparten su creatividad con millones de personas, pueden dar lugar a un conocimiento hasta ahora inalcanzable para las civilizaciones anteriores.
Dont bother me mom, I am learning

Han crecido con herramientas como YouTube, la Wikipedia, los SMS, la iPod, los blogs, o la Play Station. Y están preparados para absorber las tecnologías que vayan descollando en el futuro, porque para ellos no constituye ningún problema adaptarse a los nuevos canales y herramientas de comunicación.

La clave es muy sencilla: a diferencia de sus padres, que son incapaces de concebir el conocimiento sin sacrificio, los nativos digitales aprenden jugando. Se divierten aprendiendo e innovando, y adoptan un papel mucho más activo en la creación, la edición y el intercambio de contenidos. En otras palabras: son creativos y les gusta innovar y colaborar.

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